La historia del pequeño Leo, convertida ya en leyenda, comienza en el Campo Grandoli, donde su abuela Celiaacompañaba a todos los hermanos a jugar. Allá, un día, teniendo Leo cinco años, siendo ya la pulga que siempre sería, en un partido, de golpe, faltó un jugador. Celia le dijo a Don Aparicio, póngalo, que aunque es pequeño es resultón y, tal y como Aparicio recordaría mil y una veces, aflorando las lágrimas, “la primer pelota que agarró, la paró… y salió gambeteando y se los gambeteó a todos”. Al año siguiente ya jugaba en Newells.
El principal problema, el único, era los 900 dolares al mes que costaba el tratamiento hormonal. Los Messino podían permitírselo, era casi la mitad del suelo de Jorge Messi en aquellos tiempos. Durante 2 años pagaron el tratamiento de Leo a través de las fundaciones del padre, cuando ya no pudieron conseguir el dinero por esta vía acudieron a Newells, que durante un tiempo se hizo cargo. Sin embargo, acabó siendo demasiado dinero invertido en un chico de poco más de diez años.
La historia de Messi: la parte de Barcelona
A miles de kilómetros de allí y con un océano entero de por medio, la historia de Messi se desarrollaba paralelamente a espaldas de la familia, lo que ocasionaría la feliz coincidencia que ha dejado su huella permanente en la historia del fútbol. En las oficinas del FC Barcelona se recibían con regularidad noticias de los ojeadores del club desplazados a Sudamérica que insistían, una y otra vez, en las cualidades de un niño argentino que, con 12 años, maravillaba a quien le veían jugar. Tal fue la insistencia, que a pesar de la juventud, el Barcelona, por medio de Horacio Gagioli, se puso en contacto con la familia Messi para acordar una prueba de diez días con el joven Leo en la ciudad condal.
Era el 2000, el año en que el mundo no acabó, y ese verano, cuando Leo y Jorge Messi cruzaron el charco, se celebraban los Juegos Olímpicos en Sidney. Llegaron el 17 de septiembre, dos días después del arranque de los Juegos, y durante dieciséis días esperaron en el hotel Plaza, la llegada de Carlos Rexach,responsable de decidir si el fichaje de Messi se llevaba a cabo o no. Agotados, y con la decisión de volver a Rosario ya tomada, una llamada desde el club detuvo su salida. Rexach llegaba al día siguiente y se organizaría la prueba para que Messi pudiese demostrar el talento que le había llevado hasta allí. Le esperaba un partido contra chicos dos años mayores que él. A Rexach le bastan, según declara él, cinco minutos para decidir el fichaje, aunque tardan dos meses hasta que, en una cafetería y en una servilleta, se compromete por escrito a fichar a Messi. Es el 14 de diciembre del 2000 y Leo y Jorge habían pasado casi tres meses en España.
Sin embargo, a la dificultad enorme de una migración , se suman, a los meses, los problemas con los dichosos papeles legales de los hermanos, el conocido drama de tantos y tantas emigrantes. Son momentos muy duros para la familia, que se plantea volver. En una decisión cuyo emoción solo podemos imaginar, se decide que Celia vuelve con los hermanos y la hermana de Leo a Rosario.Jorge le pregunta a Leo y éste toma la decisión de quedarse. Se quedan los dos, solos en Barcelona, mientras el resto de la familia retorna. En una Barcelona en la que Leo no puede jugar al fútbol con su equipo por ser extranjero.
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